Había una vez un hombre llamado Pepito. Él tenía un amigo llamado José que tenía un barco. Un día se fueron a pescar al Mar Mediterráneo en el barco. Como cebo utilizaron un trozo de calamar y pescaron un dorado delfín y se lo guardaron. Luego como cebo utilizaron una sardina y pescaron un wahoo y también se lo guardaron.
Más tarde, echaron otro pez y cuando lo sacaron tenía medio cuerpo , algo lo había atacado. José y Pepito querían atrapar a la criatura que se había comido su pez así que lanzaron lo que quedaba de su pez. Al cabo de 3 horas José y Pepito recogieron el sedal y no picó nada y además, el pez que engancharon misteriosamente no estaba.
Sin pensar en rendirse José y Pepito intentaron pescarlo pero fue en vano, no picó nada. Así que se fueron. Pero antes de que llegaran al puerto algo chocó con el barco. José rápidamente miró hacia abajo y vio una sombra negra y al fijarse bien vio que era un tiburón mako, el tiburón más rápido del mundo. Pepito intentó espantarlo pero no funcionó.
A José se le ocurrió una idea magnífica: darle al tiburón todos los peces que habían capturado. Fue una decisión que probablemente les salvó la vida. Y la idea funcionó, el tiburón mako se llenó y se fue y José y Pepito se fueron a casa y fueron felices.


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